Desde hace un tiempo que escucho esta nomenclatura para el nuevo tipo de emprendedor que se quiere.

Este emprendedor dista mucho de la imagen que al menos se tenía (y quizás se sigue teniendo en muchos sitios) de lo que realmente es el objetivo de un emprendedor.

Hasta hace algunos años, ser emprendedor se ligaba muy estrechamente al objetivo de ganar dinero con la creación de una empresa propia. Se pretendía crear patrimonio a través de esta filosofía de vida. Y en muchos casos la cosa resultó medianamente bien: cabe recordar que el tejido empresarial catalán (donde yo vivo) consta de un 99% de PYMES que son una clara representación de las pequeñas (y medianas) empresas en la cultura catalana.

Pero por lo visto las cosas están cambiando: los jóvenes y no tan jóvenes ya no ven tantas posibilidades reales en crear una empresa como lo hacían antaño. En mi opinión, la culpa la tiene nuestra sociedad que se ha apeado en el bienestar del individuo y busca siempre la comodidad por delante de otros valores más importante.

Como decía mi padre “el que quiera peces que se moje el culo” y es que querer vivir cómodamente, haciendo lo que a uno le gusta y encima haciendo dinero suena más a utopía que a otra cosa.

Es por esto que desde hace unos años se oye el término Emprendedor del siglo XXI. Éste hace referéncia a la nueva generación de emprendedores que se diferencian radicalmente de sus antecesores. Ya no se busca el hecho de ganar dinero con el emprendimiento, sino de buscar una manera de disfrutar del trabajo de uno mismo, de él y para él, de disfrutar del hecho de ser la persona que esta creando un nuevo negocio y que tiene la ilusión de ver crecer su granito de arena.

Y  muchos se preguntan: ¿Y el dinero no cuenta? sin él no se puede mantener la empresa. !Claro que importa! sin él simplemente no podríamos existir en una sociedad como la nuestra. Lo que se pretende mostrar es la necesidad de cambiar la mentalidad de estas personas, que vean que el emprendimiento ya no se debe de realizar por el hecho de ganar dinero, que pasa a ser un objetivo “secundario”, sino por el hecho de querer realizar algo propio.

Hace poco asistí a una master class en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), en la Facultad de Comunicaciones, donde se hablaba justamente de éste tema. La clase, dada por Elisabeth Ferri, era parte de la tarea del CIEU para mostrar a los nuevos universitarios la figura del emprendedor en estos momentos, y no hacían más que resaltar el concepto del nuevo emprendedor.

Si que es cierto, como se relata en muchos artículos, que la ilusión y la obcecación pueden llegar a arruinar  una buena idea (y la persona que la tuvo) por eso siempre se deben tener los pies encima de la tierra, pero tampoco debemos obsesionarnos en sentido contrario,  que sino se tienen grandes beneficios la empresa no funciona (como hacen algunas grandes franquicias). Estos emprendedores no han de buscar ser grandes económicamente, sino ser grandes en su ímpetud y esfuerzos para sacar adelante su negocio.

Quizás es difícil de entender al principio, pero pienso que una vez se entiende la idea y se medita, uno se da cuenta que no puede moverse por el dinero, no es un objetivo-meta. Se debe de tratar el emprendimiento como una filosofía de vida, una forma de conseguir una meta con nuestras acciones que no sea puramente dineraria y mas auto-realizadora.

, , , , ,